martes, 30 de diciembre de 2014

¿Temas superados?... I Won't Back Down

 Por regla general nunca critico críticas, porque éstas son expresiones libres y personales —y así deben seguir siéndolo, sin que el escritor se meta en medio como un pomposo ofendido—.
 Pero hace rato que viene dándome vueltas por la cabeza algo que me inquietó mucho respecto de un crítica muy negativa. Y les juro que no fue la propia crítica —las he tenido peores y las he tenido tan hermosas que me han llenado el alma de alegría... y ésta tal vez estaba en lo cierto (aunque, honestamente, yo creo que no; pero... quién sabe)—, sino que lo que me conmocionó hasta las vísceras fue lo que dicha crítica implicaba, la postura existencial que funcionaba como eje de su enunciado. Y es que una de las tantas razones que esgrimía era algo así como que:

"Ese tema está superado"...

 ...¿En serio?
 ¿De veras alguien cree que hay temas superados?

 El racismo, la homofobia, el sexismo, la desigualdad social, la pobreza, la ignorancia, la guerra, la falta de libertades, incluso la esclavitud... ¿Esos son temas superados?

 O tal vez se estuviera refiriendo al amor, a los sentimientos, al miedo, a la desesperanza, a las relaciones humanas...
 ¡No, en serio!, ¿alguien cree realmente eso? ¿Alguien cree que existen temas superados?

 Ted Chiang es uno de esos escritores que (junto con Ken Lui, China Miéville o tantos otros escritores de CF contemporánea) toma temas "no nuevos" —si es que existe algo así como una "novedad absoluta"— y los presenta de manera que podamos advertir en ellos una arista o un giro en el que, hasta ahora, nunca habíamos reparado (como el pez en la pecera que no advierte el agua que lo rodea... ¡Gracias Judith Merril!).
 No digo que el tema que yo traté en aquel cuento estuviese "bien tratado" —al menos, de acuerdo a los estándares de aquel crítico (aunque a mí el cuento me gusta mucho y hasta fue candidato al premio Ignotus)—, ni a la altura de esos genios que cité; pero lo que no puedo sostener ni por un segundo es que el tema de la intolerancia sexual o la coexistencia multicultural o las nuevas (o, tal vez, muy antiguas) formas de expresión humanas y sus variantes rituales, o las formas propias que un sentimiento puede revestir en un ser inteligente, o la libertad para ser lo que a uno se le dé la gana (o cumpla su vocación más íntima y esencial), sean temas superados...

 Humildemente, pienso que no hay "temas superados", sino sólo "temas humanos".
 Porque cuando consideramos que un tema ya está superado (o, mejor dicho negado, archivado y apartado de la mirada porque molesta o nos gustaría —con mala o buena intención— que ese problema no existiera), seguro que estamos pasando por encima del derecho de alguien.

 Así que ése es mi propósito para el  201... Seguir escribiendo sobre todos esos supuestos "temas superados"...

Y, como diría Tom Petty, I Won't Back Down (no voy a retroceder).


(Tal vez ése sea mi caballito de batalla del nuevo año... Por supuesto que sí voy a repensar lo que di por supuesto, y a cambiar de idea cuando sea sabio hacerlo, y a ver las cosas desde la perspectiva del otro, y a abrazar la multiplicidad... Pero, una vez que sé que algo merece la pena ser contado o vivido,... no voy a retroceder.)


domingo, 14 de diciembre de 2014

Alicias tras los espejos

El lugar: El estudio de Angélica Gorodischer.
En el espejo: Laura y Teresa.
En el cuadrito a la izquierda del espejo: Angélica y Ursula K. Le Guin.
El cuadro debajo (flor naranja de por medio): un collage de Úrsula para Angélica.
A la derecha de éste último cuadro: "El origen de la vida" de Courbet.
¿Sigo?



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Encuentro con Angélica Gorodischer


 El 7 de Diciembre pasado, en la ciudad de Rosario (Argentina), nos encontramos Laura Ponce, Guillermo Echeverría, Gabriel Reynoso y yo con la gran Angélica Gorodischer, a instancias de la antología Alucinadas y gracias a Cristina Jurado.
 Fueron dos horas maravillosas y tan intensas que no sabía cómo relatarlas, así que ésta es la crónica fabulosa de lo sucedido porque, para mí, fue verdaderamente un suceso mágico.
 Así que si encuentran taxis metamorfoseados en corceles de noche y oro, o ríos que son dragones, sepan que así es la pura realidad...


El muy portentoso y asombroso relato de dos valientes peregrinas y sus feroces escuderos, en pos de la comunión con una potencia angélica

por maese (sir) Theresa Ómicron Ceti, compañera de Etxeberria

Sigamos escribiendo,
porque si no nos jodemos, francamente.”
Angélica Gorodischer


La peregrinación no había sido idea nuestra, ni mucho menos mía —que jamás idea semejante hubiera pasado por mi mente, a no ser que fuese bajo la forma de un deseo que rápidamente diera por loco y vano—, en realidad había surgido como una suerte de “milagro”, como una señal extraña, como un sueño en el cual se le habla a uno de cosas veraces pero no comprobables bajo la luz del sol.
Una de las miembros de nuestra cofradía la llamó “maga” —también podría llamársela “hechicera” o, incluso, “bruja” en el más alto y maravilloso sentido del término—, lo cierto es que la Cristalina Juramentada nos había reunido a todas. A cada una por un medio distinto, tal como si fuese una nueva Merlín o, mejor aún, como una Morgana convocándonos en torno a una Alta Alucinación femenina y profunda, plagada de futuro e imaginación. El signo que nos había traído desde distintos sitios: la alta montaña de lo cibernético, las ciudades de piedra y espejismos de lo cuántico, los pozos de niebla de lo distópico, e incluso desde más allá del mar de los Atlantes era, ni más ni menos, que el mismo que guía mi pluma desde que tengo memoria de mi vocación... esas dos letras admirables: “CF”.
Luego que las sillas en torno a la mesa redonda del eterno ciclo sin centro ni circunferencia, estuvieran ocupadas por más de quince integrantes —diez de ella elegidas para combatir (y es menester decir que muchas más habían respondido al llamado, y esas tantas valerosas nos daban fuerzas para lo que se aproximaba)—, fue leída la fórmula. Entonces alguien, una compañera muy valiente o muy temeraria, me nombró “capitana” y yo acepté aquella encomienda con tanto orgullo como temor.
Nuestro combate se libraría mediante el antiquísimo sortilegio de las palabras y, por ello, el campo de batalla exigía ser un libro. Y como es sabido, un libro es capaz de alterar la realidad mucho más que un puño o un grito.
Cuando el gran libro estuvo escrupulosamente copiado y preciosamente iluminado —con cada relato superponiendo la vida y la obra de la guerrera de la pluma que lo había escrito—, éste voló gracias a la artes arcanas de las hechiceras editantes y se internó en las etéreas regiones del conocimiento, donde los ángeles y los demonios de los electrones danzan en complejas manifestaciones, hasta llegar a recónditos sitios donde era esperado con afán, recibido con beneplácito o contemplado con asombrado o receloso interés.
Era aquel el momento convenido del cónclave. La redonda mesa sin centro ni circunferencia debía volverse tangible para que las caballeras pudieran reunirse en piel, sangre y hueso, y su voz escuchada. El mayor inconveniente lo constituía el poderoso Atlante, inflexible y cruel, y las leyes carónticas de los barqueros que exigían compensaciones imposibles de afrontar para su cruce. De modo que la poderosa hechicera Cristalina, que vivía más allá del desierto intermedio, creó otra mesa, una más pequeña, en la que —nos dijo— sólo cabrían tres. Y convocó a las dos valientes que vivían del otro lado del Atlante, y les impuso una tarea, una peregrinación: ir en busca de la Gran Maestra, aquella que podía hablar con la voz de mil espadas de doble filo, y reunirse con ella en nombre de las demás.
Célebres eras las guerras en las que había incursionado la Gran Maestra, y más de treinta batallas sostenían su nombre invicto. Su sabiduría y su ingenio eran conocidos en todo el orbe que se regía por el signo de la CF, e incluso mucho más allá de él también.
Así la Cristalina, la gran bruja del desierto, me envió con una sola contraseña por escudo: “decime Narda”, y yo fui.
Maese Láurea (la variados laureles), iría en similar peregrinación, pero nuestros caminos divergirían. Por rutas diferentes emprendimos la marcha. Con el sol fuimos mi compañero y yo; con la luna, ella y su escudero. Los primeros en llegar al sitio donde el gran dragón serpentino, de cuerpo escamoso y dorado pajizo, brilla como un río capaz de tragarse todo un mundo —el sitio cuya tierra y cuyo nombre rezan un rezo circular sin fin—, fuimos nosotros. Apenas desembarcamos, el mismísimo aliento del enfurecido dragón casi nos abraza, y su sofocante calor fue la primera prueba que debimos sortear. Su hálito húmedo y ardiente parecía salido del Érebo mismo.
La Gran diosa de la CF debe haberse apiadado de nosotros porque pronto encontramos refugio y ayuda: la posada del euskaldún nos dio cobijo esa noche, y en sus frías habitaciones recobramos fuerzas; mientras que los hombres del trébol, los seguidores de la dulce y luminosa Dana, nos brindaron alimentos y bebida.
Láurea, por su parte, sufría su propia prueba: un doloroso velar de armas que la dejó exhausta pero no la venció.
Al otro día, el día del encuentro, el del número perfecto del último mes, fue el agua el elemento con el cual el dragón nos probó. La lluvia inclemente amenazaba con barrer la ciudad junto con su estrépito y poder. Pero nunca lo que cae de lo alto puede amedrentar a un seguidor de la CF. Bajo el agua, nos reunimos maese Láurea, yo y nuestros fidelísimos compañeros. Luego de planear la estrategia decidimos engañar al dragón y su lluvia encaminándonos, como el astuto Odiseo, dentro del vientre de un veloz corcel hecho de pura noche y oro —cuyos números generosos, cayeron esta vez con pausada piedad—, y así arribamos al hogar de la Gran Maestra.
La tercera prueba fue saber que nuestra estrategia había desaparecido y nuestras mentes estaban en blanco. Toda agua es bautismal y aquel renacimiento era como haber sido bañados por el olvido Leteo y la memoria Eunoe, pero a un tiempo: en nuestras mentes se agolpaba y huían todas las ideas (olvidar lo malo y recordar lo bueno hubiese aconsejado Dante, pero aquella era una peregrinación femenina). Ahí comprendí que el dragón seguramente le obedecía a ella.
Movidas por la ansiedad de nuestro corazón sin reposo, llegamos antes del tiempo convenido, pero la sonrisa con la que ella, la Gran Maestra, nos recibió, me recordaron las palabras del legendario mago, hijo de un colega suyo: No se llega tarde, ni temprano, sino en el momento justo.
Cuando cruzamos el umbral hacia su mundo, aquello fue como entrar en el corazón de la leyenda. ¡El Grial a nuestro alcance! Ya no había gárgolas, ni vallados, sino la apertura femenina y vegetal de lo generoso, de la generosidad misma hecha paisaje y vida. Ella nos dijo que la habíamos despertado y yo soñé con los sueños en los que habría habitado.
Dejamos nuestros miedos bajo el fragante tilo lleno de promesas de calma. Recorrimos el estrecho pasillo que lleva a la puerta aún más estrecha que se abre a lo que en verdad vale la pena, y fuimos acariciados por el susurro feliz de las hortensias en flor, cuya humedad y delicadeza parecían darnos la bienvenida. Apenas llegamos a la zona más profunda, nos recibió un nuevo jardín cargado de un sutil poder. Primero un jazmín, alto como yo (y yo iba revestida de mi mejor armadura) nos asombró con su esencia del Oriente. Luego fue una magnolia enorme, cuyas flores, grandes como cabezas humanas, parecían recordar una versión feliz de las historias del Popol Vuh: cabezas fragantes que habían vencido al Xibalbá mismo, y recitaban para nosotros las historias del sol y la luna de América. Entonces, un estrecho camino que nos obligó a bajar nuestras últimas defensas y a caminar de a uno por vez (tal como se entra a todo sitio trascendente), nos depositó bajo un laurel tan grande como el mismísimo Yggdrasil. Un signo, nos dijo la Gran Maestra, de la buena fortuna que había querido crecer allí por voluntad propia, como un regalo de los hados.
En el frontispicio de la pequeña ermita (que era a la vez un Sacta Sanctorum), clavado como los 12 puntos de una protesta y, al mismo tiempo, como una declaración de principios, no estaba el délfico “Conócete a ti mismo”, pero era como si lo estuviese... Keats era la pitia elegida que pedía libros, vino francés, frutas, un buen clima y una pequeña música interpretada al aire libre por alguien desconocido.
Apenas ingresamos nos quedamos maravillados, pues lo que por fuera solo aparentaba ser una pequeña construcción, albergaba mundos en su interior. Había tres cajas que contenían futuros posibles. Planetas reducidos al tamaño de huevos. Archivos conformados con todo aquello que le duele al mundo. Pequeños recipientes heterogéneos dispuestos a la espera de negros brebajes. El pensamiento de los siglos en altos anaqueles. Imágenes de la esencia misma de lo que somos colgando de las paredes, imágenes hechas por manos maravillosas, mensajes de amistad de los poderes más profundos de la CF firmados por la propia mano izquierda de la luz y las tinieblas.
Le dimos nuestros presentes, más bien nuestras humildes ilusiones y ella las recibió como si fueran un tesoro magnífico. La comunión era simple, como todo lo profundo. Y entonces la Gran Maestra, la revestida de los poderes Angélicos nos preguntó quiénes éramos y cómo habíamos llegado hasta allí. Y aquello resultó ser una interpelación esencial.
Nuestras respuestas eran una mezcla de trivialidades y los anhelos de toda una existencia. Estábamos pidiéndole permisos para ser nosotras. Y sabíamos secretamente que ella era una de las pocas en este orbe que podía darnos tal permiso. Antes de retirarse para traer el elixir con el cual nos ungiría, nos dijo casi como si cualquier cosa: “No soy un oráculo” y salió de la mano de su ancestral bastón —alguna vez perteneciente a uno de los más grandes héroes de este suelo—, un báculo ínfimo hecho de pura historia condensada en la liviandad de una caña hueca, para que toda su pasión y el universo mismo cupiesen en él.
Yo pensé en lo oracular de aquella frase, en lo críptico de lo evidente, y me sentí feliz: no habría palabras abstrusas, sólo experiencias compartidas.
Tras unos momentos de vacilación, los cuatro nos pusimos de pie. Las instrucciones que ella nos había dado fueron claras y sencillas: podíamos mirarlo todo pero no alterar el orden. Pensé que aquel orden (quizás todo orden) no fuese otra cosa que un caos controlado y, en este caso, el caldero desde donde bullían todos sus universos. Así que cada uno de nosotros se dirigió a un punto cardinal específico: maese Grendel fue al Sur, donde estaba el ojo gigante que miraba el afuera y a las orbes interiores al mismo tiempo; maese Láurea, al Oeste, frente al altar mismo donde nacían las historias y donde yacían, como si tal cosa, los pendones, medallas y trofeos conquistados en innumerables victorias; maese Wilhelm se dirigió al Este, donde la mesa cobijaba el sacrificio y donde aquellos temas que quemaban con sólo acercárseles se alzaban en blancos anaqueles; y yo me decidí por el Norte, donde pude ver libros y libros y más libros y, entre ellos, las mismas palabras con las que yo me había iniciado en mi juventud: ritos de pasaje panshineos, desiertos arrakenos, intersecciones delanyanas... ¡Así que su alma y la mía habían bebido de las mismas aguas! Quedé maravillada por lo que aquello implicaba: en la CF todos arrancábamos por el mismo camino.
Se sabe que todo genio es tal porque se encuentra en equilibrio y la genialidad de la angelical vino subrayada por la bonhomía del arquitecto, un caballero armonioso y bondadoso por demás que trajo las libaciones. Y entonces empezó el rito: el brebaje oscuro, las preguntas, las historias relatadas que lo decían todo.
Hubo consejos para las futuras caballeras: tener una voluntad propia, una que jamás claudique ante los vaivenes del viento de las opiniones. Saber bien dónde está una parada en el mundo porque eso se transparenta en lo escrito, y jamás pretender ser aséptico, porque no se puede escribir un cuento —un buen cuento, un cuento que no nos traicione—, sin ideología. Saber desprenderse de lo que a uno no lo satisface, incluso lo que costó esfuerzo escribir. Desarrollar nuestras historias hasta ser capaces de oír a los homúnculos que nacen de nuestra pluma —incluso nos mostró, allí mismo, de modo ejemplar, cómo dominar uno que le pertenecía, uno llamado Trafalgar—. También nos dijo cómo bregar hasta el momento en que uno puede llegar a escuchar a esos homúnculos, pero sin dejar de disciplinarlos (incluso yo recibí su permiso para invocar su nombre si tal tarea se me volvía dificultosa). Nos habló de no dejar que la miopía de los que no ven más allá de sus propias narices sentencien que hay temas que han sido superados. Y, sobre todo, nos instó a ser libres para crear. “Yo sé cuando tengo éxito —nos dijo magistralmente—, tengo éxito cuando los pelotudos me miran con cara de «esta mina está loca»”. Y todo eso nos lo dijo como si fuésemos pares, no sólo como aquellas iniciadas con las que compartía el mismo libro, sino como verdaderas colegas de armas. Láurea y yo oscilábamos entre el llanto y la risa, y ella simplemente nos acariciaba con su inteligencia y su constante sonrisa.
Recordé la música de la que hablaba el frontispicio de Keats pegado en la puerta de esta ermita-taller-matraz de alquimista y supe que era el canto de los pájaros y las constantes risas que condimentaron toda la velada.
Nos encomendó que escribiéramos desde nosotras, desde lo que somos y más allá de lo que somos. Que dejemos que el camino relate la meta: que nos concentremos en la peripecia, la aventura, para que las idea se transparente sola, y no al revés. Que respetemos las palabras porque tienen poder, pero que no claudiquemos en expresarlas a nuestro antojo. Que construyamos un mapa, pero que sepamos salirnos de él cuando la historia lo exige. Que evoquemos lo femenino, que continuemos esta gesta más y más en ese sentido de alucinación, de mujer, de creadoras, de CF (un sitio, nos dijo —y aquí sí que fue heraclíteamente oscura— del que jamás se retorna: “La ciencia ficción te deja una marca muy grave, muy seria, muy honda. Una vez que uno anduvo por el género difícil que te puedas escapar del todo”. Para mis oídos aquellas palabras fueron más que auspiciosas significaban que una vez puesto el pie en esa senda, nunca más se puede retroceder... Y ésa es, precisamente, mi meta).
Por un momento su mirada se concentró en sí misma o tal vez en detalles que sólo ella podía advertir del mundo, cosas que únicamente el ojo de una Gran Maestra podían ver y, con un tono simple y tan hondo que nos arrancó lágrimas, suspiró: “Qué se yo... es lindo escribir”. ¡Por la diosa de la CF, ése momento fue tan mágico! A maese Láurea se le humedecieron los ojos y yo... mientras retorcía un pequeño trozo de papel entre los dedos por undécima vez... yo quedé atragantada de tantas perspectivas al punto de sentir que mi armadura se volvía tan liviana como una pluma, ingrávida.
La Gran Maestra, esa dama de cabello de fuego, nos dijo tantas cosas (cosas íntimas, cosas inmensas, cosas cotidianas) que sólo el volver a esos parajes de la memoria podrá hacer que las revivamos o, tal vez, que las reescribamos. Incluso nos habló de su propia vocación definitiva, su motor en el arte: Lo Inexplicable. Sólo sé que hubo un momento, entre anécdotas compartidas y la humildad de quién podía incluso admirarse de nuestros pequeños logros, en el que, idealmente, ella se puso de pie y nosotras dos, idealmente, hincamos rodilla en tierra. En ese momento, en ese sitio que es un nudo de todo sitio posible, la quintaesencia del rincón de vida que todos ansiamos —la de quien escribe porque no podría jamás dejar de hacerlo—, con nuestros fieles escuderos dándonos coraje... ella alzó su espada, apoyó primero el filo sobre el hombro derecho de la razón, luego sobre el hombro izquierdo del corazón y, finalmente, sobre nuestras testas llena de nubes, y pronunció la fórmula con la que nos armó caballeras: “Sigamos escribiendo”.
(¿Sabría la Cristalina que esto sucedería y por eso nos envió allí?)
Aquello era una bendición y también una encomienda, un comando, un llamado... Las que entramos como aprendices salíamos como caballeras, aún tímidas, pero con el pecho henchido de la fuerza, la bondad y las demás virtudes que ella nos había insuflado: la fe y el poder de batallarlo todo sin temer a nada salvo a no hacer lo que deseemos, el valor de la transgresión, la disciplina de lo inevitable de la escritura que es “como un vicio” porque: “No podés, ¿cómo vas a dejar de escribir? No se puede”.
Cuando el tiempo fue el que debía ser (y todos pudimos sentirlo como una brisa suave de placidez) recogí unas ramas de sus laureles para poder tener un hito, una llama que nos guiase en nuestras futuras aventuras tal como la rama dorada había guiado a Eneas. Recién al volver al cruzar el umbral y regresar al campo de la batalla cotidiana, dejando al otro lado de la valla verde ese sitio feérico e hiperreal, comprendí lo que había sucedido y deseé haber preguntado mil cosas más. Ella nos saludó como quien se despide de alguien a quien volverá a ver pronto, y nosotros caminamos obnubilados, livianas y flotantes, intentando dar cuenta de aquel misterio que habíamos vivido. Por sobre nuestras cabezas, como un signo de los signos, el arco de siete colores había empezado a envolver el cielo: el dragón al fin nos sonreía. Entonces, cuando el camino se bifurcó y tuvimos que detenernos, dimos un grito salvaje de triunfo y nos abrazamos para llorar de felicidad.
Dos, cuatro, cuatro-dos personas habíamos entrado allí y habíamos salido transformados. Ahora era tiempo de contarle a nuestras hermanas del Mundo Antiguo cuáles eran esos consejos que la Gran Maestra nos había transmitido en germen, y que llevábamos en nosotras, gestándose casi inconscientemente. El mensaje de que algo, algo impreciso y profundo, había cambiado de pronto para todas las alucinadas integrantes de la mesa redonda sin centro ni circunferencia, y que eso era como una semilla que al fin había eclosionado y para la cual, felizmente, ya no hay modo de volver atrás...
   
Rosarium de la Sagrada Fe, a orillas de Dragón Paranaensis, en el País de Ag. Al otro lado del Atlante (o a éste). Siendo el día perfecto, del último mes, del año mágico, terrible y santo de la publicación de Alucinadas.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Nueva Antología: Steampunk argentino

¡Sí, increíble!
¡Estoy en otra antología!
Esta es una antología steampunk, o sea Historia + Imaginación + Imaginación + Imaginación + Futuro...
Como está hecha por escritores argentinos (y les anticipo que, además de ser un grupo de amigos, son fabulosos escritores con suculentas producciones a sus espaldas) las historias los van a sorprender: eso está asegurado.
Les aseguro que vale la pena (y no lo digo por mi cuento... solamente, jejejeje)
El proyecto puede ser apoyado aquí, GRACIAS:


¿Y si la tecnología hubiera avanzado propulsada por hierro y vapor? ¿Y si la sociedad aún estuviera regida por las costumbres victorianas del siglo XIX? ¿Y si todavía viviéramos en plena revolución industrial?
Esas son las preguntas que nos hicimos en el taller literario “Los Clanes de la luna Dickeana”, un grupo de amigos con el que nos juntamos desde hace años. A todos nos gusta la ciencia ficción, nos dedicamos a eso, y nos divirtió la idea de explorar el steampunk. Nos propusimos escribir historias de aventuras, de ciencia romántica, de crítica social, de máquinas exóticas e ingenios estrafalarios, un mundo fantástico y reluciente, manchado de hollín.
Escribieron para este libro: 
Federico Caivano, 
Marcelo C. Cardo, 
Rolando Condis, 
Facundo Córdoba, 
Guillermo Echeverría, 
Jorge Korzan, 
Roxana Lozano, 
Teresa Mira de Echeverría, 
Adrián Paredes 
y Laura Ponce.

Ahora ANTOLOGÍA STEAMPUNK – CUENTOS DE RETROFUTURO está terminada, es especial, variada, vibrante, y te invitamos a colaborar para financiar su publicación.

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viernes, 28 de noviembre de 2014

Ya salió Alucinadas!!!!!



Alucinemos


alucinadas-final
Alucinadas
Hoy sale a la venta la antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres Alucinadas, de la editorial Palabaristas, disponible como ebook mediante la plataforma de venta online Lektu
Durante las próximas 48 horas el libro podrá adquirirse a través de pago social y, del 30 de noviembre al 6 de diciembre (fecha de inauguración de la MIRCon) podrá comprarse por 1€. 
A partir del 6 de diciembre, el precio quedará fijado en 1,99€.

El próximo 7 de diciembre, a las 13:00, tendrá lugar la presentación oficial de la antología en el seno de la MIRCon. El evento contará con la presencia de Cristina Macía, de parte de Palabaristas, y de Leti Lara Palomino, como representante del equipo editor. Además, varias autoras participarán en la presentación: Nieves Delgado, Yolanda Espiñeira, Sofía Rhei, Lola Robles y Carme Torras.

Laura Ponce
Laura Ponce
La mejor manera de presentar la antología es dejar que cada una de las escritoras explique qué le llevó a componer cada historia. En este sentido, Laura Ponce nos dijo: La idea para escribir “La tormenta” se me ocurrió después de ver un documental sobre un río de África que se seca por completo durante buena parte del año, pero cierto día se presenta una tormenta, una gran tormenta, y el cauce seco comienza a inundarse y los peces que se habían mantenido enterrados van saliendo, boqueando, abriéndose paso en el barro. Me pregunté qué pasaría si no fueran sólo peces, y para contarlo quise armar un relato que fuera el relato de un relato de un relato.”


Teresa P. Mira de Echeverría
Teresa P. Mira de Echeverría
Teresa P. Mira de Echeverría explica así el germen de su historia: En esencia las 9 versiones de la protagonista, cada una relacionada con un animal, son en realidad, los 9 animales con los que yo me siento relacionada o “identificada”. Me di cuenta que era como partirme en distintas versiones de mí pero que era necesario reintegrarlas.  Pensando en eso —y con el querido gatito de Schrödinger siempre dándome vueltas por la cabeza—, se me ocurrió que la mente humana, la persona en sí, podrían ser una caja donde lo múltiple se vuelve uno y viceversa, como un microcosmos cuántico. Además está esa cosa zenoniana de moverse en la inmovilidad, el pasaje heraclíteo entre opuestos que siempre me gustó.”


Layla Martínez
Layla Martínez
En palabras de Layla Martínez: “Me obsesionaba la idea de la historia de Croatoan desde que la descubrí, porque siempre me ha llamado la atención el hecho de abandonar la civilización y las historias que giran en torno a eso, desde los ascetas y santos medievales a las actuales. De alguna manera en el relato los que deciden vivir (o se ven obligados a ello) en la colonia subterránea también han abandonado la civilización porque ésta ya no tiene nada más que ofrecer. De alguna manea también se han hecho salvajes e incivilizados”


Marian Womack
Marian Womack
Marian Womack se basó en una experiencia muy personal para escribir su cuento: “Este verano descansamos unos días en Black Isle, y nos alojamos en Pier Cottage. Visitamos las ruinas del castillo, recorrimos el embarcadero, paseamos por la llanura de marea, espiamos a las aves desde los ventanales de la casa. Es un entorno hermosísimo, pero incierto, frágil. En los últimos años, cada vez que hemos vuelto a calzarnos las botas de montaña para salir al campo, un entorno que añoramos desde la gran ciudad, ha sido para volver a escuchar las mismas palabras, casi siempre referidas a la pérdida: del número de aves, del frágil ecosistema, de especies conocidas. Esto está ocurriendo muy rápido, y sólo ahora empezamos a ser conscientes de ello. Creo que se trata de un tema del que necesitamos con urgencia iniciar una conversación, también desde la literatura.”


Yolanda Espiñeira
Yolanda Espiñeira
A la hora de concebir su relato, Yolanda Espiñeira explica: “’El método Schiwoll’ trata de la traición. La traición personal y profesional, que es algo presente en la vida de todo el mundo tarde o temprano, así como los modos en que los humanos transigimos con ella para poder seguir viviendo.  Personalmente, me interesaba tratar este tema, pero el hacerlo en forma de literatura especulativa, me permitió tratar también, aunque tangencialmente, otros temas como el problema de las relaciones entre la mente y el cuerpo, y el estatus de la humanidad como especie.”


Carme Torras
Carme Torras
“Memoria de equipo” de Carme Torras surge de la relación entre la autora y el deporte: “Empecé a jugar a básquet a los ocho años y sigo jugando. La compenetración que llega a alcanzarse dentro de un equipo siempre me ha parecido algo mágico. No es que el equipo sea más que la suma de sus miembros, es que es otra entidad, con memoria y consciencia propias. Un referente de mi relato es la consciencia colectiva descrita en “Más que humano” de Theodore Sturgeon que, trasladada al terreno de básquet y aderezada con las increíbles prestaciones que ofrecerá la tecnología en un futuro próximo, abre un sinfín de posibilidades.”


Nieves Delgado
Nieves Delgado
Sobre su cuento “Casas Rojas”, Nieves Delgado aclara: “Pensé en cuáles serían los límites de “humanidad” que se le impondrían a una máquina, es decir, en qué momento el ser humano se plantearía si una inteligencia artificial es algo más que una máquina. Busqué una situación límite, y se me ocurrió la esclavitud sexual. Porque busco una definición de la cualidad de “humanidad” que sea externa a la propia biología. En realidad, creo que indago en eso que místicamente se conoce como “alma”.”


Felicidad Martínez
Felicidad Martínez
Para Felicidad Martínez: “Tres cosas me sirvieron de inspiración para escribir “La plaga”. La chispa fue un artículo científico que me dejó flipando. Desde entonces leo todo lo que cae en mis manos sobre plantas y debo decir que son unos seres vivos muy infravalorados. En segundo lugar, la película Starship Troopers; cada vez que la veo disfruto de esa mala baba, ese humor negro que destila en cada detalle en apariencia trivial. Para mí, el humor no es solo un alivio, sino una sátira. Nada, absolutamente nada en mi relato está puesto porque sí. Todo tiene una intención a la espera de una reacción. Unas veces de forma sutil, otra de manera más evidente. Por último, el relato “Maleficio” de Juan Miguel Aguilera. Un Doom, como el propio título indica, que te tiene enganchado de principio a fin, y no solo por la acción, sino porque además está cargado de pequeños detalles que le dan profundidad y originalidad.”


Lola Robles
Lola Robles
Cuando le preguntamos a Lola Robles, nos contestó: “Al empezar a escribir “Mares que cambian” imaginé un planeta, Jalawdri, donde había cinco sexos y géneros considerados “naturales” en lugar de dos, y donde irían personas de otros mundos para transformar su cuerpo y convertirse en quien siempre habían deseado ser. He intentado adecuar el lenguaje a las personas de ese mundo y a los visitantes. Finalmente creo que he escrito también un relato sobre la necesidad de pertenencia a un lugar, a un grupo, a unos afectos.”
Sofía Rhei
Sofía Rhei


La autora de “Techt” es Sofía Rhei, a la que: “La idea se me ocurrió al ver cómo en los libros estilo “best-seller” el vocabulario es cada vez más reducido y, al mismo tiempo, tras mi experiencia como profesora en la que muchos adolescentes sustituían palabras enteras por signos, contaminados por los SMS. Vi a un chico japonés pulsando teclas de su móvil sin mirarlo, mientras mantenía otra conversación hablando y pensé que las posibilidades de marcación estaban en pañales. Al introducir en los teclados una variable tan frecuente en videojuegos como la marcación simultánea, se multiplican literalmente las posibilidades.”




viernes, 21 de noviembre de 2014

Y éste es el dream team...

¡Y es realmente el dream team porque es el equipo de mis sueños!
La nota salió en FANTÍFICA
¡Feliz, feliz, feliz!



Antología Alucinadas: 10 seleccionadas, 11 relatos



La editora Cristina Jurado nos habla de las autoras y los relatos de la antología.
Alucinadas - Presentación - Destacada
La convocatoria de Alucinadas ha permitido que 185 autoras hayan encontrado una excusa para escribir esas historias que les rondaban la cabeza y que querían vestirse de palabras. Con la complicidad de Cristina Macía, del sello editorial Palabaristas, y la nocturnidad y alevosía de María Leticia Lara Palomino, del blog Fantástica Ficción, una servidora se puso manos a la obra para organizar una muestra de narraciones cienciaficcionales en español elaboradas por mujeres. La antología, que estará disponible a partir de la semana que viene en la plataforma online Lektu, nació para demostrar que hay interés en el género por parte de las escritoras.

Sobre el concurso

Las diez seleccionadas más una, de la que hablaremos más adelante, son en su mayoría autoras con alguna publicación a sus espaldas, y solo una de ellas puede considerarse un valor novel. Los datos de participación revelan un total de 205 cuentos de 12 países: España, Argentina, México, Cuba, Colombia, Perú, Chile, Venezuela, Puerto Rico, Guatemala, República Dominicana y Rumanía, aunque no pudimos verificar de qué país procedían algunos de ellos.
Leticia Lara, Cristina Jurado, Cristina Macía
Las responsables de Alucinadas: Leticia Lara, Cristina Jurado y Cristina Macía

La mayoría de las historias recibidas se han enmarcado dentro del género distópico (que parece estar de moda a raíz de los últimos best-sellers literarios juveniles), seguidas por las obras de fantasía, descalificadas por no entrar dentro de los parámetros de la convocatoria. Las historias biopunk, seguidas por la ciencia ficción de terror y los viajes en el tiempo, fueron las siguientes categorías más populares, junto con el cyberpunk, la ciencia ficción romántica y los relatos postapocalípticos. La ciencia ficción dura, el steampunk, las ficciones de exploración, la ciencia ficción social, la militarista, la humorística, el thrillercienciaficcional, la historia alternativa y la ciencia ficción extraña o weird, así como el cómic, resultaron los temas que menos se prodigaron.
Afortunadamente, en la selección final hay una amplia variedad de estilos narrativos y temáticas que ilustran los intereses de las voces femeninas en la ciencia ficción. Mención especial merece la magnífica portada de Ana Díaz, que refleja a la perfección el objetivo y la razón de ser de Alucinadas: ofrecer una plataforma para dar a conocer la creatividad de las autoras.

La Terpsícore, de Teresa P. Mira de Echeverría

Teresa P. Mira de Echeverría
La antología se abre con el relato ganador del concurso, obra de la argentina Teresa P. Mira de Echeverría. La historia se centra en el viaje de su protagonista, la capitana Stephana Yurievna Levitánova, en una nave cuyo cerebro artificial está encarnado en el cuerpo de un adolescente muerto. Entiendo esta historia como ciencia ficción cuántica (dentro de la ciencia ficción dura) porque el viaje se realiza sin que la nave despegue, reuniendo en su interior versiones de la capitana procedentes de otras dimensiones.
Este encuentro múltiple plantea varios dilemas éticos a los que Levitánova debe enfrentarse y que reflejan unas inquietudes existencialistas muy en consonancia con la trayectoria profesional de Teresa, que es Doctora en Filosofía. Su trabajo como docente universitaria e investigadora, acerca de la relación entre ciencia ficción, filosofía y mitología, la ha conducido de manera natural a postular su propia visión de la realidad en forma de relatos de ciencia ficción, alguno de los cuales han aparecido en las revistas Próxima o Axxón. Muchos recordaréis su cuento Memoria, que apareció en la antología Terra Novade Sportula (tanto en la edición española como en la inglesa) y que fue finalista de los premios Ignotus 2013. Podéis visitar su blog para conocer más sobre su trayectoria literaria y sus intereses personales.
La Terpsícore se alzó con el premio de la convocatoria por el alcance de las ideas que propone, así como por reunir todos los elementos necesarios —trama, personajes, escenario y estilo— para provocar el sentido de la maravilla en el lector.

La plaga, de Felicidad Martínez

Felicidad Martínez
Felicidad Martínez es ingeniera técnica en diseño industrial y la autora del segundo relato de la antología. Con un estilo muy ágil, en el que alterna la primera y la tercera persona, la valenciana nos sumerge en una space opera al más puro estilo militarista. El agudo teniente Rosenbaum, derrochando franqueza y humor, relata los avatares de una misión que se complica cuando los habitantes de una colonia lejana son atacados por los insectos autóctonos.
A pesar de considerarse una escritora amateur, Felicidad cuenta con una producción propia enmarcada en su universo spaceoperístico «UC-Crow», desarrollado también como juego de rol. Su novela corta La textura de las palabras apareció publicada en la antología Akasa-Puspa de Aguilera y Redal y con ella fue finalista de los premios Ignotus 2013. Traducida al inglés, esta historia apareció en la antología Terra Nova y, en español, en Terra Nova 2. Su primera novela, Horizonte Lunar, salió publicada hace pocos meses en Sportula, y sus relatos forman parte de varias antologías dedicadas al género.

La tormenta, de Laura Ponce

Laura Ponce
La tormenta, de la argentina Laura Ponce, es la tercera historia de esta colección. Ambientada en el pequeño planeta Arkaris, se trata de una historia con aromas a Stanisław Lem, en la que se exploran los efectos del medio ambiente en el destino del ser humano, de la mano de dos militares de carrera. La autora construye con gran credibilidad un mundo en el que predomina un modo de vida sencillo, pero en el que el desierto guarda secretos inesperados que influyen en sus habitantes.
Laura es escritora, editora y directora de Revista Próxima y Ediciones Ayarmanoty articulista para Amazing Stories, donde publica una columna mensual dedicada a las mujeres y la ciencia ficción. A su labor como colaboradora en programas de radio y en publicaciones tradicionales y online, se suma su producción literaria en forma de cuentos que han aparecido en diversas revistas y antologías de Argentina, Perú, Cuba y España. Forma parte del Centro Argentino de Ciencia Ficción y Filosofía junto a su compatriota Teresa P. Mira de Echeverría, con la que ha impartido talleres y charlas sobre el género.

El método Schiwoll, de Yolanda Espiñeira

Yolanda Espiñeira
Yolanda Espiñeira ha creado un thriller cienciaficcional escrito a dos velocidades: en una, Mariana es una mujer sometida a un interrogatorio; en la otra, conocemos detalles de su vida en un gueto de lujo en el planeta Talití, que nos llevará poco a poco a entender las razones detrás del procedimiento. Esta historia refleja la pasión de la lucense por la novela negra, pues despliega todos los tropos propios del thriller, pero aplicándolos a la ciencia ficción. Precisamente el gran acierto del relato es utilizar una estructura circular, alternando la primera y la tercera persona, para convertir al lector en espectador y en cómplice de la trama.
Yolanda es licenciada en filología hispánica y especialista en la obra de José Ángel Valente. Actualmente combina su labor como profesora con su pasión por la filosofía, la lectura y una incipiente producción literaria, que desarrolla a través de reseñas y artículos en el blog El almohadón de Plumas, en el magazine online sobre literatura fantástica El Fantascopio y en la revista Prosa Inmortal.

Casas Rojas, de Nieves Delgado

Nieves Delgado
Nieves Delgado, gallega, licenciada en Física y docente de educación secundaria en la comunidad autónoma que la vio nacer, siente predilección por la ciencia ficción que explora la influencia de la tecnología sobre la sociedad. Su incipiente obra, circunscrita por el momento a los relatos, ya ha alcanzado importantes reconocimientos. No en vano su obra Dariya está nominada a los premios Ignotus 2014. Sus historias suelen incluir elementos que ahondan en los límites del ser humano y cuestionan la esencia misma de esa humanidad.
En Casas Rojasuna comisión gubernamental investiga a la poderosa empresa CorpIA, que comercializa androides para uso sexual. Los fallos de funcionamiento de los sexbots, que han comenzado a atacar a sus propietarios, sirven como excusa para poner de manifiesto el impacto de las inteligencias artificiales en la sociedad y viceversa.

Mares que cambian, de Lola Robles

Lola Robles
La autora del sexto relato de la antología es activista feminista, pacifista y queer. Esta filóloga hispánica y escritora imparte desde 2006 el taller Fantástikas de lectura y debate de obras de ciencia ficción y fantasía, especialmente dedicado a las mujeres como escritoras y personajes literarios. Ha publicado tres novelas de ciencia ficciónLa rosa de las nieblasEl informe Monteverde y Flores de metal, además del libro de relatos Historias del Crazy bar (en colaboración con Mª Concepción Regueiro) y la obra realista Cuentos de Amargarita Páez, así como relatos y artículos de ensayo en diversas antologías e internet.
Mares que cambian es una space opera transgénero que propone una sociedad con una multiplicidad de géneros sexuales. En el planeta Jalawdri, la intersexualidad (hermafroditismo) es una realidad normativa más, que organiza un sofisticado entramado social. Uno de los atractivos de este relato es que el narrador/a utiliza adjetivos masculinos para referirse a sí mismo/a, rompiendo voluntariamente las tradicionales reglas gramaticales de concordancia del género.

Techt, de Sofía Rhei

Sofía Rhei
Techt, el relato de la madrileña Sofía Rhei, es una distopía semiótica con un toque cyberpunk que recuerda a Fahrenheit 451 y a 1984. La aparición de una versión condensada del lenguaje tiene implicaciones culturales y sociales insospechadas. El giro cyberpunk del final de la historia coloca esas implicaciones en una nueva perspectiva, más inquietante, y empuja al lector a plantearse la utilización de la tecnología como forma de escapismo existencial a través de la experiencia del protagonista, Ludwig.
Sofía es escritora, poeta experimental, editora y traductora. Como poeta ha publicado Las flores de alcohol o Bestiario Microscópico. Su obra ha aparecido en publicaciones internacionales y ha sido traducida a varios idiomas, recibiendo numerosos reconocimientos. Su narrativa se desarrolla por una parte en el ámbito de la fantasía infantil y juvenil, con adaptaciones de leyendas populares para Anaya y Santillana, y por otra en las novelas y relatos de ciencia ficción y fantasía oscura, como el que ha aparecido recientemente en Terra Nova 3.

Bienvenidos a Croatoan, de Layla Martínez

Layla Martínez
Layla es licenciada en ciencias políticas y graduada en sexología. Además de mantener su blogtrabaja como traductora y redactora para distintas revistas y webs y colabora habitualmente con publicaciones como Culturamas y Diagonal. Su experiencia como editora, correctora y traductora para distintos fanzines y publicaciones alternativas la han llevado a embarcarse en la coordinación de su propio sello de fanzinesAntipersona. Algunos de sus textos y poemas han sido publicados en diferentes antologías, como Sangrantes.
Bienvenidos a Croatoan es un relato de viajes en el tiempo y terror que tiene como escenario una ciudad subterránea, paralela a Madrid, en un futuro que se presiente postapocalíptico. El consumo de una droga, la dextralina, consigue romper las reglas de la física conocida en este contexto, provocando consecuencias inesperadas en la integridad de Hakim, el protagonista. El terror llega de la mano del sentimiento de culpa y del amor exacerbado hacia su hermana, como motores de la desintegración paulatina, en un sentido literal, de la persona.

Black Isle, de Marian Womack

Marian Womack
Black Isle de Marian Womack es un relato de sabor clifi (ficción de cambio climático), que profundiza en la influencia recíproca de la tecnología en el medioambiente y, como consecuencia, en el impacto de esa relación en el ser humano, concretado en el doctor Andrew Hay. La obra también cuestiona el control del ser humano sobre el medio que lo rodea y propone una posible respuesta reactiva de la naturaleza.
Marian (aquí su blog) es una escritora, traductora y editora gaditana educada en las universidades de Glasgow y Oxford. Ha publicado novelas como Memoria de la nieve y ha coeditado el libro Beyond the Back Room: New Perspectives on Carmen Martín GaiteSus relatos se definen como «un nuevo gótico extraño»y han aparecido en antologías como Akelarre. Como traductora ha realizado selecciones de los cuentos de fantasmas de Charles Dickens o Mary Shelley, además de traducir a lord Dunsany, Gladys Mitchell, Henry James o Daphne du Maurier, entre otros. En su labor como editora ha publicado los primeros libros en español de autoras clave de la literatura fantástica extraña europea enEdiciones Nevsky.

Memoria de equipo, de Carme Torras

Carme Torras
Fotografía: Pere Virgili.

El último relato original del Alucinadas es Memoria de equipo de la catalana Carme Torras, que mantiene un blog dedicado a sus inquietudes literarias. Esta doctora en informática y profesora de investigación en el Instituto de Robótica (CSIC-UPC) compagina la literatura con la investigación científica. Ha publicado libros y artículos sobre modelos neuronales, visión por computador, inteligencia artificial y robótica, y ha sido reconocida con diversos premios y reconocimientos. Su novela de ciencia ficción La mutació sentimental fue traducida al castellano y obtuvo los premios Manuel de Pedrolo 2007 e Ictineu 2009. También ha escrito numerosos relatos sobre máquinas y ha publicado un ensayo sobre la influencia de la ciencia ficción en el debate éticoRobbie, the pioneer robot nanny (Interaction Studies, 2010).
Memoria de equipo es una historia enmarcada en la tradición cyberpunk queanaliza la utilización, en el ámbito legal, de la tecnología inmersiva en realidades virtuales. Esta narración colectiva se articula en torno al esclarecimiento de un crimen atribuido al pívot de un equipo de baloncesto universitario, cuestionando la capacidad de la mente humana para gestionar sus recuerdos.

A la luz de la casta luna electrónica, de Angélica Gorodischer

Angélica Gorodischer
El relato que cierra la antología es una obra fuera de concurso. Considero A la luz de la casta luna electrónica como una deferencia de la escritora argentina Angélica Gorodischer hacia nuestro proyecto, que nos proporciona un apoyo muy necesario a través de su talento y nombre. Por este motivo, todos los que hemos intervenido para hacer realidad esta antología le estamos muy agradecidos.
La bonaerense es una de las escritoras de ciencia ficción más importantes en lengua española. Entre sus novelas destacan Opus dos o Kalpa Imperial. Ha escrito numerosos libros de relatos como Cuentos con soldados o Las Pelucas, ha participado en antologías, ha cultivado el ensayo y el género biográfico y su obra ha sido adaptada a la gran pantalla. Varios de sus trabajos se han traducido a otras lenguas: la propia Ursula K. Le Guin tradujo al inglés Kalpa Imperial en 2003. A lo largo de su carrera ha obtenido numerosos premios y reconocimientos internacionales, culminando con el World Fantasy Award de 2011 en reconocimiento a su trayectoria literaria.
Quienes desconozcan las peripecias del comerciante intergaláctico Trafalgar «Traf» Medrano podrán conocerlas de la mano de A la luz de la casta luna electrónica, a través de una historia que utiliza un humor sutil e inteligente para cuestionar la actualidad social: las relaciones entre los géneros y las clases sociales, el rol de la mujer en la sociedad o las costumbres ancladas en el patriarcado. En este caso, el accidentado encuentro sexual del protagonista con una alta representante de un planeta gobernado por un aristomatriarcado desencadenará una cadena de acontecimientos que darán al traste con sus planes comerciales.

Prólogo y conclusión

Ann VanderMeer
La editora Ann VanderMeer.

El prólogo de esta obra está escrito por una editora de reconocida trayectoria internacional: Ann VanderMeer. La norteamericana era la editora de ficción deWeird Tales cuando la revista ganó el premio Hugo en 2009, y la obra The Weird—que coeditó junto a su marido Jeff Vandermeer— recibió el prestigioso British Fantasy Award en 2012 como mejor antología. Ann no solo comparte los objetivos de Alucinadas, sino que se ha involucrado de manera desinteresada en nuestro proyecto, ofreciendo consejo y resolviendo dudas, a pesar de tener que atender numerosos compromisos profesionales.
Alucinadas es un camino que apenas hemos comenzado a andar. Ahora solo falta que los lectores caminen con nosotras y disfruten de los frutos de la imaginación de nuestras seleccionadas. Ojalá sea esta una iniciativa fecunda que no deje de crecer y que permita a las mujeres reclamar la visibilidad que se merecen dentro de la ciencia ficción en español.
Esta entrada también está disponible en inglés en el blog Sense of Wonder.
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